A pesar de los alentadores números que nos llegaban durante el periodo del estado de alarma y durante el cual las ciudades se paralizaron y pudieron tomar un respiro, lo cierto es que los niveles de contaminación en las principales ciudades están volviendo a los niveles  anteriores al confinamiento. A medida que se va avanzando en la desescalada, el número de vehículos de gasolina o diesel está aumentado y el caos se vuelve a apoderar de las grandes ciudades, tráfico, largas retenciones y un aire más contaminado vuelven a ser tópicos en las ciudades. 

Durante el confinamiento, el nivel de contaminación del aire, medido en dióxido de nitrógeno, gas que puede irritar los pulmones, y disminuir la función y resistencia a enfermedades infecciosas respiratorias, cayó hasta un 62% en las ciudades españolas, principalmente debido a que el tráfico llegó a caer entre el 70% y 80% en ciudades como Madrid y Barcelona

Sin embargo, y tras la vuelta a la llamada “nueva normalidad”, la contaminación lamentablemente también ha vuelto a los niveles  “normales” en los que se situaban antes del confinamiento. De hecho se sitúan, en ciudades como Barcelona, por encima de lo recomendado por la UE.  A pesar de que la UE sitúa en 40 el nivel de microgramos de NO2 por metro cúbico, en la ciudad condal se ha superado este registro en 6 de las 8 estaciones de medición que dispone.  

En el resto de ciudades españolas, la situación no llega a esos números, pero sigue siendo igualmente alarmante puesto que en la mayoría se ha dado un notorio aumento de los niveles de contaminación según un informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente, por ejemplo: en Bilbao, durante el confinamiento los niveles cayeron hasta un 11,2 microgramos de NO2 por metro cúbico, y para finales de mayo ya aumentaron hasta el 20,5. En Madrid el aumento también se ha dado sobre todo en Leganés y Getafe (16,2).

Necesidad de tomar medidas reales al respecto

Después de los datos aportados, a la vista queda que existe una necesidad real de que las ciudades empiecen a tomar medidas y que se dejen las especulaciones a un lado. Entre otras, se debe apostar por una movilidad sostenible dentro de las ciudades (coches eléctricos, movilidad compartida, transporte público, incentivar y facilitar la movilidad en bicicleta, etc.), es decir, alternativas que no dañen la salud de los ciudadanos y del medioambiente. 

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